jueves, 11 de agosto de 2011

Drogas

"El LSD abrió mis ojos. Si sólo usamos una decima parte de nuestro cerebro, imaginate lo que podriamos lograr usando el resto. Si los políticos usaran LSD, no habría más guerras, o pobreza o hambre." Paul McCartney, músico inglés.



"El mal uso de las drogas no es una enfermedad. Es una decisión, como pararte enfrente de un coche en movimiento. Podrás llamarlo un error de juicio." Phillip K. Dick, escritor de ciencia ficción estadounidense.


Se denomina droga a cualquier sustancia que introducida en un organismo vivo es capaz de influir en su sistema nervioso central. Se distinguen 3 tipos según los efectos producidos: Drogas depresoras o relajantes del sistema nervioso, las cuales principalmente enlentecen su funcionamiento creando somnolencia, como son el alcohol, el azúcar, la heroína, la morfina o los barbitúricos. Drogas estimulantes que principalmente activan el sistema nervioso, como el tabaco, la cafeína, la cocaína y las anfetaminas. Y drogas psicodélicas, las cuales generan alucinaciones, como el LSD, el peyote o la ayahuasca.

Las drogas depresoras afectan en grados el habla, el pensamiento, la cognición y el juicio, y producen sensación de bienestar y euforia. La mayoría de personas lo hemos experimentado bajo los estados etílicos de un alto consumo de alcohol. En cambio, en el caso del azúcar, pasa desapercibido salvo se ingieran cantidad de dulces, en este caso se apreciará la euforia y la consiguiente depresión e irritabilidad cuando pasen sus efectos. Tanto el alcohol, como el azúcar como las drogas duras, todas contienen en su química sustancias que requiere el cuerpo para regular la ansiedad.

Las drogas estimulantes producen la inhibición de dolor físico, del hambre y exaltan la locuacidad y el ingenio. La nicotina facilita la concentración y activa la memoria. La cafeína, encontrada no solo en el café, también en el chocolate y en algunos tés, aparta el sueño.  La cocaína vigoriza y anestesia el cuerpo, y las anfetaminas todavía más potentes, hacen creer al cuerpo artificialmente que no necesita dormir ni descansar, manteniéndolo despierto y pletórico, y cerca de posibles estados de delirio y paranoia. La química de estas sustancias excitantes son las que sirven al cuerpo para su actividad en el estado de vigilia, claro que en proporciones mucho menores.

Las drogas psicodélicas, también conocidas como enteógenos, psicotrópicos o drogas visionarias, producen distorsión del tiempo, sinestesia, alucinaciones con los ojos cerrados o abiertos, e inhiben el autocontrol mental. Se usan comúnmente en rituales chamánicos. El LSD ampliamente estudiado, igual que la Ayahuasca o el Peyote contienen sustancias que también produce nuestro cuerpo en el estado de sueño. El estado de conciencia alterado conseguido con este tipo de drogas es semejante a soñar estando despierto. Según el reconocido psicólogo Stanislav Grof, el LSD permite reconocer el inconsciente individual y colectivo. Según el psiconauta John Lilly, los estupefacientes producen un buen o un mal viaje dependiendo de la auto programación del inconsciente de cada cual. Para el psicoterapeuta y antropólogo Josep María Fericgla, los enteógenos son un gran recurso para el crecimiento personal y espiritual. La marihuana también produce alucinaciones consumida regularmente y en grandes proporciones.

Aunque se hacen responsables a las drogas de las reacciones en el cuerpo, éstas no son la causa directa de los cambios fisiológicos y de conducta. El efecto de las drogas depende de la estructuración de la mente individual de cada persona. Lo que sucede es que la mente controla el cuerpo físico y las emociones, y determinadas sustancias consiguen inhibir algunos controles, así las emociones que están siendo reprimidas y controladas se liberan produciendo distintos comportamientos y grados diferentes de agresividad, depresión o ataques de pánico. La conducta dependerá de la personalidad de cada individuo.

Las drogas anulan la capacidad de pensar y sentir, y por ello son utilizadas por quienes viven una vida conflictiva repleta de miedos, violencia y odio. No serían ningún problema si tan solo fueran un respiro donde el consumidor recogiera fuerzas para enfrentar su vida, sin embargo se convierten en el escondite que les libra de seguir creciendo. La adicción se mide por la necesidad de escapar de esta terrorífica realidad relacionado con tener una vida sin sentido, donde no hay amor ni autoestima y todo es dolor, rechazo, fustración y resentimiento. La adicción puede ser alta pero es la misma que pudiera existir en el juego, la televisión, el sexo o la comida. Las únicas contraindicaciónes son la sobredosis y el consumo regular. La adicción es producto del vacío existencial de ese ser humano.

Las drogas son terapéuticas en cuanto que liberan las emociones. Las emociones que nuestra mente controla necesitan salir y saldrán tarde o temprano porque no existe nada que pueda aprisionarlas siempre. No es que una droga pueda producir la esquizofrenia o un brote psicótico, sino que “destapa” la esquizofrenia, la enfermedad ya estaba allí. Las drogas farmacológicas que pretenden curar, únicamente “tapan” la enfermedad, la verdadera cura exige gestionar bien las emociones las cuales son el verdadero origen de cualquier enfermedad.

Fuentes:
Wikipedia



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